Dos hemisferios, un deporte

XV HORTALEZA SUB 16 – WESTERN CUBS RUGBY CLUB

Una de las barreras psicológicas que aplicamos, muchas veces hasta inconscientemente, en la comunicación es la conocida como estereotipo; así nos dicen que una máquina es alemana y damos por hecho que va a ser técnicamente perfecta, duradera y fiable; o nos hablan de un reloj suizo y lo consideramos el no va más de la precisión. Esto barajaban nuestras mentes el lunes cuando nos enfrentamos a un equipo de rugby sudafricano: unos springboks en toda regla, que jugarán al rugby como los ángeles. El estereotipo se acentuó cuando vimos el tamaño y robustez de sus jugadores y el exigente y ordenado calentamiento prepartido.

Con este sufrimiento paternal vimos ascender el oval puntual a la cita y a las gacelas azules acechar a nuestros dragones sub 16. Primera sorpresa: tras 5 minutos de ataques furibundos de los sudafricanos, los manteníamos en el medio campo a base de contundentes placajes una y otra vez hasta provocar un adelantado que se saldó con melé a nuestro favor. Segunda sorpresa: en el primer ataque conseguimos llevar el oval, a base de tensos y certeros pases, hasta nuestro ala Abel y presenciamos un documental de La 2, lo que pasa es que esta vez eran las gacelas las perseguidoras y el dragón el perseguido: carrera de 60 metros indescriptible la de Abel, al que perseguían no menos de 4 sprinboks, que no consiguieron detenerlo por más que corrieron. Gran ensayo que
nos ponía por delante en el marcador 7-0 con los puntos sumados por Óscar en la transformación.

A partir de ahí, el asedio por todo el campo de los sudafricanos fue encomiable con unas cargas de delantera y unas rupturas de los centros que pusieron a prueba a la sensacional defensa hortalina, que fue más propia de experimentados antidisturbios que de jóvenes adolescentes. Hasta que el árbitro pitó el descanso fueron innumerables los placajes efectuados por los dragones y espectacular la defensa invertida practicada.

En la grada detectamos un sutil comentario de un padre del hemisferio sur a su sofocado hijo: “¡Os pensabais que iba a ser fácil, eh!”. Con todo, las gacelas consiguieron pacer en la zona de ensayo hortalina 2 veces.

Llegó el descanso y no sabemos si en la charla técnica del equipo azul algún miembro del staff técnico invocó el espíritu combativo e indomable de Mandela o bebieron de la poción mágica o tiraron del orgullo de sentirse ciudadanos de un país ganador de un mundial de rugby; lo cierto es que salieron más concentrados y agresivos que en la primera parte e hicieron trizas a nuestra defensa, que saltó al campo un tanto anestesiada no sabemos si por los golpes recibidos con arreglo a Reglamento o víctima de algún embrujo sobrenatural. Este estado de empanamiento transitorio fue bien aprovechado por las gacelas para distanciarse en el marcador de manera clara.

Pese a ir por debajo en el marcador, los dragones se rehicieron y consiguieron el control del juego mediada la segunda parte y tuvieron ocasión de conseguir algún ensayo que acompañara al tempranero de Abel, pero no fue posible.

Tras el preceptivo y cálido pasillo, la foto oficial de grupo y el “Somos de Hortaleza”, ambos equipos disfrutaron de un pantagruélico tercer tiempo a base de paella y garbanzos, cocinados por el inmejorable chef del club, Julián, que antepuso sus quehaceres culinarios al visionado del partido. Eternas gracias le debemos todos en este club. Acabó el encuentro con un intercambio de obsequios que demostraron la buena sintonía entre los dos clubes y el deseo, más que la certeza, de devolverles la visita allá en las tierras australes.

Y el estereotipo que se cumplió en esta inolvidable jornada fue el del rugby y sus valores: dos equipo batiéndose en el campo con honor y una deportividad admirable,- ni un golpe de castigo por placajes peligrosos-, y disfrutando juntos del compañerismo y la amistad que debe presidirlo siempre.

¡AÚPA XV!
Iñaki, con k

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