La vida ovalada, la vida mejor

AÑEJOS XV HORTALEZA: 2 – TSUNAMIS: 2

Pues sí, vimos que “todo el agua  que rodeaba el Hortal estaba desaparecida y dejaba a la vista grandes extensiones de arena, …¡Era el Tsunami que llegaba!”, como decía Pablo Gómez en la previa del partido. Y ya estaban en el Hortal bien concentrados, mientras nosotros íbamos llegando a la hora convenida o incluso un poco más tarde, más preocupados por  nuestro Equipo Senior A, que jugaba con Majadahonda por el liderato del grupo, que por el Tsunami que se nos echaba encima. Advertidos estábamos y no valió de nada el aviso de catástrofe: ambientazo en el vestuario donde, mientras unos iniciaban un calentamiento indoor, otros se uniformaban entretenidos en alegres conversaciones; sólo esa mezcolanza de pestilencias medicinales que tratan de paliar dolores musculares, con los tufillos despedidos por las botas y con los efluvios emanados del agua de vida traída de tierras subsaharianas por Jerome y tan apreciada por Puma,  hacía pensar que en breve íbamos a disputar un partido con un equipo jugón y serio.

Al menos en presencia física aparecimos por allí Joseba, Pedro Maño, Asterix, Jerome, Uru, Avatar, David, Dani, Santi, Wally, Villegas, Puma, Cabanillas, Pedro Andersen, Crespo, Papi, Juan Antonio, Begines, Batuta, Damien, David, José, Califa, Marabunta, Vicente, Borrascas, Porras y Ñigo.  Nos acompañaron como siempre los añejos que no estaban en condiciones mínimas para jugar: Mito con su rodilla maltrecha, J con su gorrita que le rejuvenece un montón, Adolfo y su costilla, Marcos y su pinchazo muscular y Angel Mora demasiado abrigado para ser medio burgalés… Se cayeron de la convocatoria a última hora Nenuco, al que le deseamos una pronta recuperación para su niña y Carlos Soler aquejado de problemas gástricos que bien le vendrán para aligerar el cuerpo de cara a los excesos navideños.  Las abnegadas familias que, en un día desapacible para estar en la grada, no faltaron fueron la incondicional Carmen, una Santa en palabras de Santi, y su madre; la de Cabanillas y la de Califa. Si de alguien me olvido asumo la culpabilidad y la comparto con un viejo dragón del Hortal, al que le he enviado la lista para que la supervise y me ha dado su “nihil obstat”, pero ya sabéis que con la edad y los golpes se va perdiendo lucidez, aunque Santi es un tío muy fiable. Aprovecho la ocasión para recalcar el serio problema de motes que tenemos en el equipo: acabo de ver que he puesto dos veces a David o ¿son dos David?; lo de Pedro Maño y Pedro Andersen queda fatal; luego están los nombres que jamás verás en un equipo de rugby: Juan Antonio, José, Vicente…no sé, habrá que tomar cartas en el asunto y rebautizar a estos compañeros que no se merecen esta desatención, hay que hacerlo por su bien.

Con el kick off inicial y, tras una serie de golpes de castigo cometidos por el Tsunami, que nos dieron un poco de vida, desde el banquillo barruntábamos un principio desalentador viendo venir la ola blanca mientras nosotros andábamos envueltos en ovaladas dudas, que nos hicieron vivir unos minutos subacuáticos en los que, a duras penas, conseguíamos sacar la cabeza del agua, coger aire un instante y seguir sumergidos. En defensa hacíamos aguas y en ataque no éramos contundentes o nos la pasábamos mal. Afortunadamente ya tenemos la solución: entrenar con pelotas de tenis.  No tardaron en llegar los dos ensayos de Tsunami, que se manejaba a la perfección entre el desconcierto hortalino, con dos buenas internadas que rompieron nuestra línea. En estos minutos tuvimos ocasión de ver “el pase del partido” que se está convirtiendo en una tradición añeja más, el protagonista fue esta vez “Papi”, que en plena carga de la delantera del Tsunami tras una touch, cedió el oval a “Califa” para que distribuyera juego, viéndose rodeado el hoy medio de melé por una turba asesina, de la que se libró milagrosamente. El bueno de Papi tomó buena nota de la jugada y, a partir de ahí, no dudó en comerse los balones y placajes que el destino le tenía deparados.

Soportando el chaparrón a base de una mejor concentración en defensa conseguimos llegar al descanso, donde Begines con su habitual lenguaje diplomático, nos dedicó unas bonitas palabras que podrían traducirse en que no es lo mismo jugar al rugby que pasear por la remodelada Gran Vía madrileña en compañía de la familia.  Lo cierto es que sus “delicadas” palabras junto con las de nuestro capi, Uru, nos contagiaron de un entusiasmo que nos hizo corregir el fatídico rumbo que tenía el partido.

Empezamos el segundo tiempo achicando los efectos devastadores de la tremenda ola padecida y nos aplicamos mucho en defensa; nuestros delanteros pusieron un puntito más de agresividad y pararon bien a los bigardos blanquillos y en la línea presionamos bien en la subida provocando muchos avants.  En ataque apostamos ciegamente por nuestros potentes tres cuartos y jugamos todos los balones al abierto, confiando en las buenas manos y piernas de nuestros centros, alas y zaguero. Así, hacia la mitad del segundo tiempo, llegó la jugada soñada por unos viejos dragones que llevamos años dando guerra por el Hortal: la “Princesa”, tantas veces buscada y nunca hallada, la Nefertiti de las jugadas a la mano que, como dijo su descubridor, “vano es describirla, hay que verla”.  Con el oval en las manos una borrasca que se convirtió en CICLÓN a base de hand off, velocidad y zigzag, llegó hasta la línea de ensayo y tuvo la sangre fría de esperar a alguien y yo no le podía fallar después de tantos años; no sé cómo pero llegué hasta allí y Pablo me cedió el balón para enterrarlo en la In Goal tsunamera; me lo dijo Borrascas cuando acabó el partido: ”has sido el único que has tenido fe en mí”; sí, amigo, una fe inquebrantable.

Se me ocurre abrir una nueva categoría en nuestros partidos: la jugada “Suspenso en  Reglamento”. Esta vez la protagonizó un servidor en un saque de 22, que ejecuté con un puntapié en vez de con un drop;  sin duda la tensión del partido y la intención de alejar lo máximo posible el peligro contribuyeron al bochornoso espectáculo.  Espero la correspondiente sanción de Porras con absoluto arrepentimiento y propósito de enmienda.

Cuando se acababa el partido otra jugada de los tres cuartos llevó el balón hasta “Avatar” que tras hacer una curva planetaria buscando el carril del ala,  inició una espléndida carrera no exenta de peligros, con una gestoforma apolínea, que le llevó hasta la zona de ensayo y por allí apareció en el apoyo “Uru” para conseguir un merecidísimo empate que nos supo a victoria.  

Tras la foto final y la siempre temida ducha en el Hortal, nos dirigimos con numerosas bajas a disputar el tercer tiempo en “La Venta El Segoviano”, vestidos, como dijo Borrascas, con la étnica y diferencial Zamorana. Los Tsunamis estuvieron inmejorables, a la altura del juego limpio y de la deportividad con la que se baten en el campo. Cerveza a discreción y un sinfín de tapas, bien elaboradas y a cada cual mejor, en la que no faltó la humilde y sabrosa morcilla de… ya sabéis de dónde.  Tras entusiastas conversaciones más reveladoras de anécdotas pasadas que de alabanzas presentes, pasamos a la acción a petición de los Tsunamis que reclamaban la Haka “María de la O”, con la que, sin el maestro Elías en acción, nos tuvimos que defender a duras penas. Siguieron el “EA, EA”, los Tsunamis nos replicaron y cantamos el “Ñigo Ñigo” a tres voces: la de Uru, entregado al belcanto, la del debutante Papi, que demostró temple y entonación teatral con suspense incluido y la de Ñigo.  Pero lo que puso en pie al local, camareras incluidas participando en la danza tribal, fue “Los pilieres bailan”, en la que nos acordamos también de nuestros amigos de “Las Vacas”, representadas por Ignacio, que movió sus caderas sin dejar de apoyarse en la barra. Hasta unos televidentes que se hallaban en el bar contemplando cómo unos sujetos se disputaban un balón que siempre botaba en la misma dirección, se animaban a bailar.

Agotadas nuestras gargantas, los capitanes celebraron el protocolario acto de los agradecimientos y la entrega de recuerdos citándose para nuevos partidos dada la buena sintonía y el buen ambiente de esta cuadrilla de maduritos, que no logramos explicar a los infieles el motivo por el que seguimos practicando este deporte. A partir de ahora les podemos dar una razón: jugamos al rugby porque “La vida Tsunami es la vida mejor”.  Gracias amigos por estos ratos y sigamos siendo unos incomprendidos.

¡Aúpa Añejos!

Ñigo

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Un comentario

  1. La vida Añeja es la gran vida… con achaques pero la gran vida.
    Gracias Ñigo por la croñiga.

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