Ciclónica: ¡Latinajos! Escuela Madiba, 8 de Enero de 2017

Ciclónica: ¡Latinajos! Escuela Madiba, 8 de Enero de 2017

Quien no haya todavía ido a jugar a cárcel de Estremera contra los presos de la Escuela Madiba no ha experimentado una de las sensaciones más placenteras que un equipo de rugby puede proporcionar.

Y no es solo por ver como disfrutan los presos con el partido, sino que la variopinta farándula de jugadores que nos juntamos, permite una vivencia extraordinaria en común desde perspectivas muy distintas. Puedes descubrir, por ejemplo, que tu compañero de juego es vegano, …¡y no por decisión de su novia! o que en su casa nunca tuvieron tele, o que al vestirse se pone antes los calcetines que los calzoncillos…. y luego, van y andan por ahí como si nada, con dos piernas y dos brazos como cualquier persona; jugadores de rugby sin complejos.
A la quinta cita del torneo anual asistimos 22 ufanos jugadores de todo pelaje capitaneados por Julián Esteban; Pelut, Torrejón, Darti, Fernando López, Cubo, Chencho, Damien, Fernando San Martín, Kiko, Fulli, Christopher, Crespo, Juansi, Manu, Astérix, Oterix, Peti, Jorge Esteban, Martins, Guada y un servidor. Las rigurosas medidas de seguridad para la entrada en la cárcel pergeñadas desde semanas antes desaconsejaron pertrecharnos con nuestros complementos vitamínicos habituales en los viajes así que tuvimos que apechugar con un desayuno en el pueblo cercano a base de huevos con beicon, patatas fritas y otros frugales manjares típicos del lugar y las horas matutinas y que nos entonaron para la singular experiencia.
Después de un duro debate con el funcionario, no conseguimos convencerle que los alicates de Oterix eran para los tacos de las botas y no para cortar la malla ciclónica que coronaba los muros que rodeaban el campo como él sugería. Así que tuvimos que dejarlos fuera, junto con las petacas, martillos, linternas, antifaces, matasuegras, gorros y otra indumentaria necesaria para un partido de rugby en estas condiciones. Uno, que ya sabe más por viejo que por diablo, fue objeto de chanzas por llevar rodilleras a lo “Iribar” debidamente aseguradas a los muslos con esparadrapo. Y después de transitar en bloque a través de puertas, habitáculos y corredores que se abrían delante y se cerraban detrás nuestro equipo automáticamente esas chanzas se convirtieron en lamentos. Y es que la fria mañana y la áspera arena congelada a la que nos enfrentamos merecían actuaciones preventivas.
Los mozos aparecieron en el gélido patio de arena diez minutos más tarde que nosotros. Numerosos, en bloque, disciplina estajanovista, mazados, fornidos y uniformados. Nosotros haciéndonos al terreno, estrecho, flanqueado por altos muros que impedían el despliegue y conservaban bien la escarcha sobre la tierra semicongelada.
El rugby de los mozos era previsible sencillo y acoplado a su físico hipertrofiado; el músculos de turno cogía el balón e intentaba el martillazo y penetración en nuestra defensa. Si podíamos pararle antes de que arrancarse, teníamos opciones de hacer circular el oval,  si no, era irremediablemente ensayo suyo. Nuestra infantería, sensiblemente más ligera a pesar de algunos dignos ejemplares nuestros como Kiko u Oterix, no podía maniobrar con espacios por lo estrecho del campo.
Más que un partido de rugby convencional, fue un choque de líneas de fuerza versus técnica en el que salimos derrotados por su energía, determinación y apalancamiento en el terreno.
Y por lo festivo del duelo, algunos nos permitimos alguna frivolidad en la que quizás la más reseñable fuera una patada de Kiko al ala Juansi, que la cogió “de estrangis” según Torrejón, aunque quería decir “in extremis”,  y al que apostilló Peti con un “ceteris paribus”. Y después del latinajo que fuera, ensayó.
Los mozos, agradecidos por nuestro desplazamiento y la nobleza del choque, nos invitaron a unas cervezas sin alcohol, y ya, más tarde y solo con la presencia de su capitán por motivos otra vez de seguridad, a un estupendo estofado que nos recompuso en el mismo patio.
Y aunque nuestro vestuario no estuviera en el módulo de cástigo fuimos regalados con una ducha reconstituyente que nos hizo echar de menos las frías duchas del Hortal, y justificarnos una segunda visita al pueblo donde dimos buena cuenta de unas gachas, aderezadas con paella y unos necesarios licores digestivos para podernos echar una cabezada de vuelta en el autobús y así en definitiva, poder seguir disfrutando de una tarde de domingo en libertad con la familia. Aunque vi, al bajar del autobús que el sector más crápula de la expedición hacía planes peligrosos que pude esquivar en el último momento y cuyo desenlace desconozco en estos momentos.
escuela-madiba
Entenderás aquí, querido lector habituado a las ciclónicas, que la experiencia en Estremera proporciona un sin fin de anécdotas ricas de ser compartidas, pero que posiblemente solo en la initimidad, y que esta no ha sido por tanto una ciclónica al uso que permita el desborde de la realidad, la hipérbole y el pleonasmo, sino que las limitaciones por seguridad, prudencia y respeto por unos chavales tan ilusionados y con unos proyectos inmediatos por delante tan diferentes de los nuestros, han resultado en una ciclónica comedida como pocas.

Desde esta plataforma quiero seguir animando a estos chavales a seguir practicando ese rugby tan sólido que practican porque construir sobre los valores de este deporte es construir sobre un futuro seguro a largo plazo. Quisimos demostrar nuestra admiración por este equipo, con un pequeño obsequio a quien lo ha hecho posible, consistente en una reproducción de Mandela, a quien al parecer, sí ha tenido la suerte de haberle llegado a tiempo la camiseta de adidas.

¡LARGA VIDA A LA ESCUELA MADIBA!

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mandela

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7 comentarios

  1. Qué gran Ciclónica! Se echaban de menos. Gracias por contarnos un evento tan emotivo. Y felicidades a todos los participantes.

  2. Jonathan Meneses Murillo

    Soy jonathan el capitan de la escuela madiba por fin nacio mi hijo futuro jugador de rugby casi mientras jugábamos, pero me nacio el dia 11 . Muchas gracias a hortaleza por hacernos que un dia alli sea inolvidable, el rugby pasa los muros y deja por el camino respeto,humildad,compañerismo lealtad ,gracias chavales por hacernos libres.

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