Tradiciones del Rugby: El Pasillo

En el rugby se produce una curiosa paradoja. Siendo uno de los deportes mas dinámicos y evolutivos en cuanto a reglamentación se refiere (casi todos los años la IRB establece cambios en la normativa, normalmente para beneficiar la seguridad por un lado y el espectáculo por otro), es también uno de los más conservadores en cuanto a sus valores y tradiciones “no reglados” se refiere.


Una de esas tradiciones no escritas es la del pasillo que se hace al finalizar un partido. En cuanto el colegiado hace sonar el silbato con el fin del encuentro, el equipo ganador corre a formar un pasillo donde se le aplaude y se le muestra respeto al equipo perdedor según cruza este dicho pasillo. Este equipo, una vez que ha pasado por el pasillo, a su vez forma otro pasillo al otro lado por donde cruza el equipo vencedor, entre los agradecimientos y felicitaciones del rival. Es un mutuo homenaje al partido realizado, un agradecimiento por el esfuerzo, la lucha y el haber compartido cancha juntos.

El estar en el pasillo es motivo de orgullo por parte de ambos y muestra de ello es que todos y no solo los que han acabado el partido corren a incorporarse a el. sino que también lo hacen los suplentes, los lesionados, los que forman parte del equipo pero que en este encuentro no han jugado, etc. Nadie se lo pierde, pues si estas en el pasillo es que formas parte del equipo y tuyo también es el orgullo del resultado, ya sea a favor, ya sea en contra.

Tradicionalmente, al cruzar el pasillo cada jugador palmea el hombro, choca la mano o incluso da un breve abrazo a cada uno de los rivales, le mira a los ojos y le agradece y felicita por el partido. Así ha sido siempre. Hace unos pocos años, en las ligas de rugby universitario, se puso de moda el corear el nombre del equipo contrario según cruzan. Esta moda se ha extendido a las escuelas de rugby también y ahora se les oye corear con más o menos entusiasmo el nombre del equipo contrario, dependiendo de si son vencedores o vencidos.

Aunque por supuesto, es perfectamente lícito, pues cada uno expresa su agradecimiento como quiere, no es lo tradicional, y por eso, en el XV Hortaleza no tenemos costumbre de hacerlo de esa manera. Intentamos mantener la esencia de las tradiciones del rugby tal y como son, pues siendo así es como se han convertido en tradición. La idea no es tanto homenajear al equipo contrario, sino al jugador, al individuo, y por ello, el foco lo ponemos en decirles a cada uno de los contrarios, mirándoles a los ojos, uno por uno, lo honrados que estamos por haber compartido cancha con ellos.

Es cierto que algunos padres de jugadores, aficionados o incluso directivos de otros clubs, se preguntan que por qué no coreamos el nombre del equipo contrario, extrañados por lo que, desde fuera, parece ser demasiado hierático. Para evitar que puedan pensar que es una falta de respeto por nuestra parte, quisiéramos hacerles saber con este artículo, que la razón de hacerlo es precisamente la contraria, como símbolo del máximo respeto hacia ellos, a cada uno de ellos. No queremos que nuestro homenaje sea impersonal, genérico, sino que sea directo, de jugador a jugador, mirando a los ojos a cada compañero contrincante.

Por lo tanto, que cada uno se exprese en el pasillo como considere mejor, al equipo entero o al jugador individual, pero que sobre todo, se siga haciendo, pues esta es una de esas tradiciones que hacen que el rugby siga siendo diferente. Es algo más que un simple deporte, es una manera de entender la vida.

Carlos Soler

Delegado Sub14 XV Hortaleza Rugby Club

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